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PostHeaderIcon «Como en Alemania, aquí también harán falta ingenieros»

A principios de año, la canciller Angela Merkel dijo que Alemania necesitaría más de 100.000 ingenieros en la próxima década. No tantos, pero en el País Vasco también van a hacer falta, a tenor de lo que observa Vicente Atxa desde la dirección de la Escuela Politécnica de Mondragon Unibertsitatea. Las vocaciones han descendido y cuando se remonte la crisis harán falta ingenieros -actualmente hay 1.600 alumnos en MU-, en ramas clásicas como la industrial, electrónica, telecomunicaciones, pero también en nuevas áreas como diseño o gestión de proyectos internacionales. Porque, insiste Atxa, son esenciales en una comunidad como el País Vasco, «en la que el 50% del PIB lo mueve la industria; somos un país con pocos recursos internos, un capital humano importante y necesitamos de industrias que vendan sus productos fuera, que compitan en un mercado global para que, internamente, tengamos una sociedad avanzada».

- ¿Desde cuándo hay escasez de ingenieros?

- Hace tres años, antes de que empezara la crisis, nos vinieron muchas empresas diciéndonos que les hacía falta, de forma importante, gente cualificada en ingeniería, en carreras científico-técnicas, para seguir con el desarrollo de sus negocios y, de esta forma, competir a nivel mundial en un mercado global. Luego vino la crisis que, de alguna manera, ha mitigado y ocultado esas necesidades debido al importante bajón industrial.

- ¿Y ahora qué le dicen?

- Las empresas que están empezaron a remontar la crisis, a vender en mercados exteriores, nos están diciendo que les hace falta gente preparada, y sobre todo en algunas áreas muy claras, como en la electrónica de potencia, la mecánica... en aquellos ámbitos en los que el desarrollo va a ser más importante en los próximos años. Cuando nuestras empresas arranquen, les va a pasar lo mismo que ha sucedido en países como Alemania, donde actualmente ya tienen un déficit importante de ingenieros.

- ¿A qué atribuye esta carencia de ingenieros?

- Una de las causas es el descenso demográfico, que ha sido muy importante en el País Vasco. Venimos de épocas en las que las carreras científico-tecnológicas eran muy demandadas; hace 10-12 años, las universidades elegíamos a nuestros alumnos. ¿Qué ha pasado? Una tendencia en todos los países desarrollados es que las vocaciones se desplazan a otros ámbitos porque la tecnología y la industria son cada vez menos palpables en nuestra vida diaria. En los países en desarrollo las carreras científico-tecnológicas tienen un tirón muy grande, porque ven que eso está cambiando su industria, su vida, etc. En cambio, en las sociedades desarrolladas, al margen de las comunicaciones, de internet, en los últimos 15 años tampoco hemos notado tanto avance, por lo que la vocación de los jóvenes se dirige a donde pueden aportar más a nuestra sociedad, optando más por Medicina, Magisterio... También hay quien se refiere a la dureza de las carreras.

- ¿No lo son?

- Creo que eso no es lo que mueve a la hora de elegir una carrera u otra. Ni Medicina ni Arquitectura son sencillas, pero tienen mucha demanda. También es probable que en los años en los que teníamos muchos alumnos nos olvidásemos algo de la motivación.

- Los padres, ¿qué grado de influencia tienen?

- Cada vez menor. Hoy en día con 13 años ya están pensando hacia dónde van a ir, y creo que ahí es donde tenemos que jugar un papel las administraciones, la universidad, etc. para que realmente podamos generar esas vocaciones. Muchas veces nos encontramos con que no somos capaces de demostrarles lo bonito que puede ser una carrera científico-tecnológica para la mejora de la sociedad, de la vida de las personas... Durante la industrialización se ha transmitido la idea de que la industria y la tecnología contaminan, pero ahora estamos en una época en la que la tecnología puede mejorar la sanidad, el medio ambiente, tiene que hacer que nuestros recursos energéticos sean más eficientes... Transmitir que la tecnología se está alineando con un desarrollo sostenible y va mejorando nuestras vidas. Y conste que soy de la opinión de que los temas humanísticos y sociales son imprescindibles para una sociedad avanzada como la nuestra.

- Alemania dice que necesita ingenieros. ¿Y si los de aquí se van?

- Conociendo el tejido empresarial del País Vasco, no creo que los ingenieros y las personas que cursan carreras científico-tecnológicas tengan que emigrar. Recientemente he estado visitando un estado federal del sur de Alemania y he constatado la gran preocupación sobre cómo convencer a los jóvenes de la región a que hagan este tipo de estudios porque sus empresas les necesitan para seguir compitiendo. Están desarrollando fórmulas muy novedosas entre colaboraciones público privadas para fomentar esas vocaciones, porque se están dando cuenta de que si no van a entrar en una competencia por el talento humano entre ellos que los va a debilitar.

- ¿Y aquí qué va a pasar?

- Que esas personas cualificadas no van a ser suficientes para nuestras necesidades. En unos pocos años, en cuanto las empresas salgan de la crisis, van a entrar en una pelea por el capital humano muy importante. Probablemente tengamos que incorporar al País Vasco a gente del estado Español o de Suramérica.

- ¿Con los jóvenes que se formen aquí no será suficiente?

- No, ni aunque aumentemos las vocaciones. Siempre recuerdo que el 50% del PIB proviene de la industria, y cada vez tenemos que desarrollar puestos con mayor valor añadido. Necesitamos que más jóvenes salgan formados en esos ámbitos y que los que ya están trabajando se reciclen y se mantengan en la cresta de la ola.

- ¿Están nuestros jóvenes preparados para trabajar en ese mercado global al que se refiere?

- Además de los conocimientos concretos en sus materias, tenemos que ayudarles a que su incorporación al mercado laboral sea lo más natural posible. Cuando sales de la universidad te encuentras con que tienes que empezar a trabajar en equipo, a veces con gente que está en la oficina y, otras, al otro lado del planeta... Además de los que les hemos formado hasta ahora, les tenemos que enseñar a saber moverse por el mundo, por el mercado global. No me gusta decirlo, pero es importante que nuestros jóvenes tengan en casa inglés y una maleta, porque el futuro probablemente va a pasar porque tu trabajes aquí, empujes a tu empresa, pero estés dispuesto a moverte, a pasar unos meses en otro país, a viajar... El mercado local, que es Europa, no va a crecer mucho, pero el mercado global es lo que va a crecer, y tenemos que ser capaces de crear empresas con un nivel de internacionalización muy grande. Y, como en todo cambio y revolución, los agentes más importantes son los jóvenes.

- A los que hay que fomentar el gusanillo científico...

- Es un reto social en el que nos tenemos que implicar las administraciones, las universidades, las etapas anteriores de la educación y las empresas. Nos estamos jugando el futuro no cercano, no estoy hablando de aquí a dos años, pero sí de la sociedad que queremos construir. En la anterior crisis en Euskadi fuimos capaces de hacer una transformación empresarial importante y ahora nos encontramos con otro reto importante, que pasa por aumentar nuestras capacidades tecnológicas y el valor de los productos de nuestras empresas. Y el reto de Mondragon Unibertsitatea es contribuir a esa transformación de la sociedad.

- Y después de todo esto, ¿qué le diría a un ingeniero en paro?

- Lo primero, que no se desmotive, porque estoy seguro de que va a conseguir trabajo. Que se acerque a aquellas empresas que están saliendo de la crisis, principalmente las que se están situando bien en mercados globalizados. Tampoco hay que olvidar que siempre existe un paro residual en cualquier profesión, que es el del 3-4% con pleno empleo. Por encima de eso, creo que con las necesidades actuales del País Vasco no deberíamos tener problemas para conseguir trabajo. Y apostaría por hacer un máster en alguna especialización que, seguramente, le va a colocar en el mercado de trabajo inmediatamente.

Fuente: eldiariovasco.com. 4 de julio de 2011

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